Hace un par de semanas me encontré con un video de estos que los amigos te envían a través del correo electrónico en el que dos operarios de limpieza iban colgados en la parte trasera de un camión de la basura recogiendo los contenedores de la calle.
En un momento dado, los operarios empiezan a bailar y a hacer gracietas a una joven que iba andando en paralelo por la acera provocando la sonrisa de la joven que no les perdía de vista y a la que le estaban alegrando la mañana.
Tan atenta iba la joven de los gestos que hacían los operarios, que tras andar unos cien metros, no vio una señal de tráfico que estaba en la acera y se chocó de bruces con ella quedando tirada en el suelo, algo que provoca la alegría de los basureros que celebran el triunfo conseguido.
La semana pasada, durante la celebración del III Congreso de Edad & Vida me vino a la memoria el mencionado video. Al oír las reivindicaciones de los organizadores, (culpabilización a los perceptores de la prestación económica de la situación de la ley, exigencia de establecimiento de reglamentos de acreditación, y marcos más claros de relación entre lo público y lo privado), me ratificaba en el convencimiento de que hay una parte del sector privado de la atención sociosanitaria que se ha despistado.
Se dejó seducir en su momento por las perspectivas que creía ver en la ley, y durante estos años se ha olvidado su origen y ha renunciado a él con lo que ya sólo le queda agarrarse a la administración como a un clavo ardiendo con la esperanza de poder salvar sus negocios, obviando las señales del mercado, que han sido y son claras; aunque para eso hay que querer verlas.
Por cierto, hay que felicitar a Edad & Vida por su éxito organizativo, porque con la que está cayendo conseguir reunir a más de 600 profesionales no es fácil. Otra cosa es que los contenidos sean mejorables y el tamaño de muchas mesas exagerado, al igual que la presencia de representantes de lo público, algunos por cierto bastante despistados.
Lo dicho, si queréis ver el citado video para no perder el norte, no dudéis en pedírnoslo.




























