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Dicen que en la última gran guerra hubo un soldado que vendió una lata de sardinas a otro soldado por una pequeña cantidad, éste la vendió a otro, éste otro a un tercero y éste a un cuarto y así hasta que, al cabo de unas cuantas transacciones, el último propietario decidió abrirla y su sorpresa fue mayúscula cuando descubrió que estaba vacía.
Al reclamarle a su vendedor, éste le dijo que cómo se le había ocurrido abrir la lata de sardinas, que la lata no era para abrirla sino para venderla.
Algo de eso parece que está pasando con la ampliaciones, fusiones y compras realizadas por los autodenominados Grandes Grupos Gestores. Negocio, lo que se dice negocio, no es que estén haciendo mucho, pero en esa huida hacia adelante parece que todo va bien. Suerte al vender la lata, pero por favor, no intenten comerse las sardinas.
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